Internet ya es para muchos el mayor canal de información. Cada vez es superior el tiempo empleado en navegar, ya sea para leer las noticias, revisar el correo, ver vídeos y escuchar música, consultar enciclopedias, mapas, conversar por teléfono y escribir blogs.
En definitiva, la Red filtra gran parte de nuestro acceso a la realidad. El cerebro humano se adapta a cada nuevo cambio e Internet supone uno sin precedentes. ¿Cuál va a ser su influencia? Los expertos están divididos. Para unos, podría disminuir la capacidad de leer y pensar en profundidad. Para otros, la tecnología se combinará en un futuro próximo con el cerebro para aumentar exponencialmente la capacidad intelectual.
Uno de los más recientes en plantear el debate ha sido el ensayista estadounidense Nicholas G. Carr, experto en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), y asesor de la Enciclopedia británica. Antes se sumergía en un libro y era capaz de zamparse páginas y páginas hora tras hora. Pero ahora sólo aguanta unos párrafos. “La lectura profunda que solía suceder de forma natural se ha convertido en un esfuerzo”, señala Carr en el provocador artículo Is Google making us stupid?, publicado en la revista The Atlantic.
“Mientras Internet se convierte en nuestro medio universal, podría estar readiestrando nuestros cerebros para recibir información de manera muy rápida y en pequeñas porciones”, añade. El planteamiento de Carr ha suscitado cierto debate en foros especializados, como en la revista científica online Edge.org.
Los neurólogos sostienen que todas las actividades mentales influyen a un nivel biológico en el cerebro; es decir, si la información se presenta en una forma determinada, el cerebro aprenderá esa estructura”, detalla desde Londres Beau Lotto, profesor de neurociencia en el University College de Londres.
En definitiva, la Red filtra gran parte de nuestro acceso a la realidad. El cerebro humano se adapta a cada nuevo cambio e Internet supone uno sin precedentes. ¿Cuál va a ser su influencia? Los expertos están divididos. Para unos, podría disminuir la capacidad de leer y pensar en profundidad. Para otros, la tecnología se combinará en un futuro próximo con el cerebro para aumentar exponencialmente la capacidad intelectual.
Uno de los más recientes en plantear el debate ha sido el ensayista estadounidense Nicholas G. Carr, experto en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), y asesor de la Enciclopedia británica. Antes se sumergía en un libro y era capaz de zamparse páginas y páginas hora tras hora. Pero ahora sólo aguanta unos párrafos. “La lectura profunda que solía suceder de forma natural se ha convertido en un esfuerzo”, señala Carr en el provocador artículo Is Google making us stupid?, publicado en la revista The Atlantic.
“Mientras Internet se convierte en nuestro medio universal, podría estar readiestrando nuestros cerebros para recibir información de manera muy rápida y en pequeñas porciones”, añade. El planteamiento de Carr ha suscitado cierto debate en foros especializados, como en la revista científica online Edge.org.
Los neurólogos sostienen que todas las actividades mentales influyen a un nivel biológico en el cerebro; es decir, si la información se presenta en una forma determinada, el cerebro aprenderá esa estructura”, detalla desde Londres Beau Lotto, profesor de neurociencia en el University College de Londres.
Lo que queda por ver es si esta influencia va a ser negativa, como vaticina Carr, o si va a ser el primer paso para integrar la tecnología en el cuerpo humano y ampliar las capacidades del cerebro, como predice Raymond Kurzweil. “Nuestras primeras herramientas ampliaron nuestro alcance físico, y ahora extienden nuestro alcance mental.
Nuestros cerebros advierten de que no necesitan dedicar un esfuerzo mental (y neuronal) a aquellas tareas que podemos dejar a las máquinas”.
Ahora confiamos en Google como un amplificador de nuestra memoria, así que de hecho recordamos peor las cosas que sin él. Pero eso no es un problema porque no tenemos por qué prescindir de Google. De hecho, estas herramientas se están volviendo más ubicuas, y están disponibles todo el tiempo”.
Al recopilar los registros de los usuarios de dos páginas web de investigación, los investigadores advirtieron que los usuarios “echaban vistazos” a la información, en vez de detenerse en ella. Saltaban de un artículo a otro, leían una o dos páginas, solían dedicar una media de cuatro minutos por libro electrónico y ocho minutos por periódico electrónico. “Está claro que los usuarios no leen online en el sentido tradicional”.
Se trata de una transformación sin precedentes porque es un nuevo medio con el potencial de incluir a todos los demás. “Nunca un sistema de comunicaciones ha jugado tantos papeles en nuestras vidas como Internet hace hoy”, incide Carr.
Esta alteración de las maneras de buscar información y de leer no sólo afectaría a los más jóvenes, a los que se les supone mayor número de horas conectado, sino a individuos de todas las edades. Todo el mundo muestra un comportamiento de saltos y lecturas por encima”, precisa el informe.
El problema es que al impedir la lectura profunda se impide el pensamiento profundo, ya que uno es indistinguible del otro, según escribe Maryanne Wolf, investigadora de la lectura y el lenguaje de la Tufts University (EE UU) y autora de Cómo aprendemos a leer (Ediciones B). Su preocupación es que “la información sin guía pueda crear un espejismo de conocimiento y, por ello, restrinja los largos, difíciles y cruciales procesos de pensamiento que llevan al conocimiento auténtico”.
La mayor dependencia de la Red conllevaría que el usuario se vuelva vago y, entre otras costumbres adquiridas, confíe completamente en los motores de búsqueda como si fueran el grial.
Carr va más allá y asegura que el tipo de lectura “vistazo” beneficia a las empresas. “Sus ingresos aumentan a medida que pasamos más tiempo conectados y que aumentamos el número de páginas y de los elementos de información que vemos” .
En definitiva, científicos como Kurzweil destacan el potencial de Internet como herramienta de conocimiento. Y concluye: “Una vez que las máquinas puedan hacer todo lo que hacen los humanos, será una conjunción poderosa porque se combinará con los modos en los que las máquinas ya son superiores. Pero nos mezclaremos con esta tecnología para hacernos más inteligentes”.
Nuestros cerebros advierten de que no necesitan dedicar un esfuerzo mental (y neuronal) a aquellas tareas que podemos dejar a las máquinas”.
Ahora confiamos en Google como un amplificador de nuestra memoria, así que de hecho recordamos peor las cosas que sin él. Pero eso no es un problema porque no tenemos por qué prescindir de Google. De hecho, estas herramientas se están volviendo más ubicuas, y están disponibles todo el tiempo”.
Al recopilar los registros de los usuarios de dos páginas web de investigación, los investigadores advirtieron que los usuarios “echaban vistazos” a la información, en vez de detenerse en ella. Saltaban de un artículo a otro, leían una o dos páginas, solían dedicar una media de cuatro minutos por libro electrónico y ocho minutos por periódico electrónico. “Está claro que los usuarios no leen online en el sentido tradicional”.
Se trata de una transformación sin precedentes porque es un nuevo medio con el potencial de incluir a todos los demás. “Nunca un sistema de comunicaciones ha jugado tantos papeles en nuestras vidas como Internet hace hoy”, incide Carr.
Esta alteración de las maneras de buscar información y de leer no sólo afectaría a los más jóvenes, a los que se les supone mayor número de horas conectado, sino a individuos de todas las edades. Todo el mundo muestra un comportamiento de saltos y lecturas por encima”, precisa el informe.
El problema es que al impedir la lectura profunda se impide el pensamiento profundo, ya que uno es indistinguible del otro, según escribe Maryanne Wolf, investigadora de la lectura y el lenguaje de la Tufts University (EE UU) y autora de Cómo aprendemos a leer (Ediciones B). Su preocupación es que “la información sin guía pueda crear un espejismo de conocimiento y, por ello, restrinja los largos, difíciles y cruciales procesos de pensamiento que llevan al conocimiento auténtico”.
La mayor dependencia de la Red conllevaría que el usuario se vuelva vago y, entre otras costumbres adquiridas, confíe completamente en los motores de búsqueda como si fueran el grial.
Carr va más allá y asegura que el tipo de lectura “vistazo” beneficia a las empresas. “Sus ingresos aumentan a medida que pasamos más tiempo conectados y que aumentamos el número de páginas y de los elementos de información que vemos” .
En definitiva, científicos como Kurzweil destacan el potencial de Internet como herramienta de conocimiento. Y concluye: “Una vez que las máquinas puedan hacer todo lo que hacen los humanos, será una conjunción poderosa porque se combinará con los modos en los que las máquinas ya son superiores. Pero nos mezclaremos con esta tecnología para hacernos más inteligentes”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario